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Likutei Amarim — Tania · Rabí Shneur Zalman de Liadi, el Alter Rebe (1796)
Likutei Amarim, capítulo 4 · תניא, חלק ראשון; ליקוטי אמרים ד׳

Los tres vestidos del alma: pensamiento, palabra y acción

El capítulo enseña que las mitzvot cumplidas en acción, palabra y pensamiento son los tres vestidos del alma divina, y que a través de ellos el alma se une a la voluntad misma de Hashem, porque la Torá y el Santo son uno.

פֵּירוּשׁ: דְּאוֹרַיְיתָא, הִיא חָכְמָתוֹ וּרְצוֹנוֹ שֶׁל הַקָּדוֹשׁ־בָּרוּךְ־הוּא, וְהַקָּדוֹשׁ־בָּרוּךְ־הוּא בִּכְבוֹדוֹ וּבְעַצְמוֹ – כּוּלָּא חַד

«Es decir: la Torá es la sabiduría y la voluntad del Santo, bendito sea, y el Santo, bendito sea, en Su gloria y Su esencia misma, son todo uno.»

Likutei Amarim, capítulo 4, párrafo 5 · leer el capítulo entero en Sefaria

El capítulo plantea que el alma divina posee tres vestidos: pensamiento, palabra y acción, correspondientes a las 613 mitzvot de la Torá. Cuando la persona cumple con su cuerpo los preceptos prácticos, con su habla estudia sus leyes y explicaciones, y con su pensamiento alcanza lo que puede comprender del sentido simple, alusivo, homilético y secreto de la Torá, entonces los 613 órganos espirituales de su alma quedan vestidos en los 613 mandamientos.

Luego el texto precisa: las facultades de jojmá, biná y daat del alma se visten en la comprensión de la Torá, mientras que las midot, es decir el temor y el amor con sus ramificaciones, se visten en el cumplimiento práctico y verbal de las mitzvot, que equivale al estudio mismo. El amor es raíz de los 248 mandamientos positivos, pues solo quien ama a Hashem y desea adherirse a Él los cumple verdaderamente. El temor es raíz de las 365 prohibiciones, sea el temor a rebelarse contra el Rey de reyes, sea un temor más interno: la vergüenza de hacer lo malo ante Su grandeza, evitando así el apego de las kelipot.

El capítulo eleva entonces el argumento central: estos tres vestidos, aunque se llaman así, son en realidad más elevados que el alma misma, porque la Torá es la sabiduría y la voluntad de Hashem, y, como dice el Zohar, la Torá y el Santo son una sola cosa. Aunque Hashem es infinito e inasible para todo pensamiento, Su grandeza se comprimió en los 613 preceptos, sus letras y sus explicaciones en las enseñanzas de los sabios, para que toda alma pueda captarlos según su entendimiento.

Para ilustrar esto, el texto compara la Torá con el agua que desciende de lo alto hasta lo bajo: de su lugar de gloria descendió, escalón tras escalón, hasta vestirse en las letras materiales escritas con tinta sobre el libro, de modo que el pensamiento, la palabra y la acción, incluso en su nivel más bajo, puedan asirla. Así, el alma entera queda atada al Santo mismo, envuelta por Su luz de cabeza a pies.

Por eso se afirma que una hora de teshuvá y buenas acciones en este mundo vale más que toda la vida del mundo venidero, pues allí solo se goza un resplandor de la Presencia divina, mientras que aquí, al asir la Torá y sus mitzvot, el alma se une a la esencia misma de Hashem. La imagen del abrazo al rey, revestido de uno o de muchos mantos, muestra que el contacto con Él es el mismo, sin importar cuántas vestiduras materiales envuelvan el precepto.

Para llevarse: Cada mitzvá cumplida con el cuerpo, la palabra o el pensamiento no es un acto menor, sino un vestido que une a quien la cumple con la voluntad misma de Hashem.
Para la mesa de Shabat: Si supiera que al cumplir una mitzvá sencilla toca, por así decirlo, la voluntad misma de Hashem, ¿cambiaría la atención que le pone a esa acción?

Explicación y traducción del portal, redactadas con ayuda de IA a partir del texto original. No reemplaza a un maestro ni resuelve preguntas de halajá.

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