Cómo el intelecto da a luz al amor y al temor de Dios
El capítulo muestra cómo las facultades intelectuales del alma —jojmá, biná y dáat— son la fuente que engendra las emociones de amor y temor a Dios.
וְשׁוּב יִתְלַהֵב לִבּוֹ בְּאַהֲבָה עַזָּה כְּרִשְׁפֵּי אֵשׁ בַּחֲשִׁיקָה וַחֲפִיצָה וּתְשׁוּקָה וְנֶפֶשׁ שׁוֹקֵקָה לִגְדוּלַּת אֵין־סוֹף בָּרוּךְ־הוּא
«Y entonces su corazón se encenderá con un amor intenso como brasas de fuego, con anhelo, deseo, ansia y alma anhelante, hacia la grandeza del Infinito, bendito sea.»
Likutei Amarim, capítulo 3, párrafo 9 · leer el capítulo entero en Sefaria
Este capítulo continúa la descripción de la estructura del alma iniciada en los capítulos anteriores. El Alter Rebe enseña que cada nivel del alma —néfesh, rúaj y neshamá— se compone de diez facultades, paralelas a las diez sefirot superiores, divididas en dos grupos: el intelecto (jojmá, biná y dáat, llamado jabad) y las emociones o middot (amor, temor, y sus derivados). El intelecto es llamado 'madres', porque las emociones nacen de él como su descendencia natural.
El texto explica el proceso con detalle. Jojmá es la capacidad en potencia de concebir una idea; biná es cuando esa idea se desarrolla y se profundiza hasta comprenderla con claridad. Estas dos facultades son el 'padre' y la 'madre' que engendran el temor y el amor a Dios: cuando la mente contempla profundamente la grandeza divina —que Dios 'llena todos los mundos' y 'rodea todos los mundos', y que todo es como nada ante Él— nace el temor a esa grandeza infinita. Y a partir de esa misma contemplación, el corazón se enciende luego en un amor ardiente, descrito con los versículos sobre el alma que anhela y tiene sed de Dios. El capítulo señala también, apoyándose en fuentes cabalísticas, que esta sed proviene del elemento fuego del alma, cuya fuente de agua está en el intelecto.
Luego el capítulo se detiene en dáat, explicando su significado como unión y apego firme, tal como se usa en el versículo sobre el conocimiento entre Adán y Jevá. Dáat es la capacidad de fijar el pensamiento con fuerza y constancia en la grandeza divina, sin distraerse. El argumento central es que incluso quien posee sabiduría intelectual sobre la grandeza de Dios no logrará producir en su alma un temor y un amor verdaderos si no ata su mente con firmeza y perseverancia a esa contemplación; de lo contrario, sólo obtendrá imaginaciones vanas y pasajeras.
La idea que sostiene todo el capítulo es que las emociones religiosas auténticas no son espontáneas ni automáticas: dependen de un trabajo mental sostenido. Por eso dáat se describe como lo que da existencia y vitalidad a las middot, sosteniendo tanto el amor como el temor y todas sus ramificaciones.