El alma judía, parte literal de Dios: raíz común y jerarquías de luz
El capítulo enseña que la neshamá de cada judío es literalmente una parte de Dios, surgida de Su sabiduría, y que todas las almas de Israel comparten esa misma raíz aunque se manifiesten en distintos niveles.
וְנֶפֶשׁ הַשֵּׁנִית בְּיִשְׂרָאֵל, הִיא חֵלֶק אֱלוֹהַּ מִמַּעַל מַמָּשׁ, כְּמוֹ שֶׁכָּתוּב וַיִּפַּח בְּאַפָּיו נִשְׁמַת חַיִּים
«Y la segunda alma en Israel es literalmente una parte de Dios de Arriba, como está escrito: Y sopló en sus narices alma de vida.»
Likutei Amarim, capítulo 2, párrafo 1 · leer el capítulo entero en Sefaria
Este capítulo profundiza en la naturaleza de la segunda alma, la neshamá, que el Tania afirma que es "literalmente una parte de Dios de Arriba". Se apoya en el versículo que describe cómo Dios sopló en el hombre "alma de vida" y en la enseñanza del Zohar según la cual quien sopla, sopla desde su interioridad más profunda: de modo que ese soplo divino no es un don externo, sino algo de la intimidad misma de Quien lo otorga.
El argumento avanza con una imagen: así como un hijo proviene del pensamiento o "cerebro" de su padre, las almas de Israel "subieron en el pensamiento" divino, derivadas de la sabiduría de Dios, de quien se dice, citando a Maimónides, que Él y Su sabiduría son uno. Para ilustrar cómo algo tan elevado llega a descender hasta personas simples, el texto trae el ejemplo del embrión: la misma gota seminal que procede del cerebro paterno, tras nueve meses de gestación y sucesivos cambios, termina formando hasta las uñas de los pies; y sin embargo esas uñas siguen nutriéndose de ese mismo cerebro original.
De manera semejante, explica el capítulo, la raíz de toda alma israelita desciende a través de los mundos espirituales hasta encarnarse incluso en la persona más simple o ignorante, pero permanece unida de modo esencial a su origen en la sabiduría suprema. Por eso hay jerarquías: los patriarcas y Moshé superan a las generaciones posteriores, y en cada generación los sabios son como "cabeza" respecto de las masas, sin que esto rompa la unidad de raíz.
Esta idea permite entender, según el texto, el dicho de los sabios sobre el versículo "apegarse a Él": quien se apega a los sabios de la Torá es considerado como apegado a la Shejiná misma, porque a través de ellos el alma simple se reconecta con su fuente. El capítulo cierra señalando que, aparte del alma en sí, existe también un "vestido" del alma vinculado a la santidad de los padres en el momento de la concepción, tema que el texto remite a las enseñanzas del Arizal.