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Likutei Amarim — Tania · Rabí Shneur Zalman de Liadi, el Alter Rebe (1796)
Likutei Amarim, capítulo 1 · תניא, חלק ראשון; ליקוטי אמרים א׳

El juramento del alma: tzadik, rasha y la medida del beinoni

El capítulo abre con el juramento de ser justo y verse como malvado, y a partir de ahí distingue entre tzadik, rasha y beinoni para entender en qué consiste realmente cada nivel.

מַשְׁבִּיעִים אוֹתוֹ תְּהִי צַדִּיק וְאַל תְּהִי רָשָׁע וַאֲפִילוּ כָּל הָעוֹלָם כּוּלּוֹ אוֹמְרִים לְךָ צַדִּיק אַתָּה הֱיֵה בְעֵינֶיךָ כְּרָשָׁע

«Le hacen jurar: sé justo y no seas malvado. Y aunque todo el mundo entero te diga que eres justo, considérate a ti mismo como malvado.»

Likutei Amarim, capítulo 1, párrafo 1 · leer el capítulo entero en Sefaria

El capítulo comienza citando una enseñanza talmúdica: antes de nacer, al alma se le hace jurar que sea justa y no malvada, y que aunque todo el mundo la considere justa, ella misma se vea como malvada. Esto parece contradecir otra enseñanza, de Pirké Avot, que dice precisamente lo contrario: que uno no se considere malvado ante sí mismo. Además, verse como malvado podría entristecer el corazón e impedir servir a Dios con alegría, mientras que no sentir ninguna inquietud podría llevar a la liviandad.

Para resolver esto, el texto recurre a una clasificación talmúdica de cinco tipos de personas: el justo a quien le va bien, el justo a quien le va mal, el malvado a quien le va bien, el malvado a quien le va mal, y el intermedio o beinoni. Se trae el relato de Rabá, quien se consideraba a sí mismo un beinoni, y la respuesta de Abaie, quien le dice que con ese criterio nadie podría considerarse digno de vivir. El capítulo pregunta entonces qué significa realmente ser beinoni, descartando que sea alguien con mitades iguales de méritos y faltas, porque Rabá, dedicado sin pausa al estudio, no podría haberse equivocado en algo tan evidente.

Se argumenta que incluso una falta leve, o el descuido de una mitzvá positiva como el estudio de la Torá, alcanza para que a esa persona se la llame malvada en ese momento. De ahí se concluye que el beinoni debe estar libre incluso de esa falta de no estudiar Torá. También se aclara que la expresión popular de "mitad y mitad" es solo un uso figurado, aplicable a la justicia y el castigo según la mayoría de actos, pero que el verdadero rango de tzadik corresponde únicamente a quien ya no tiene inclinación al mal, como se dice del corazón vaciado de maldad.

Finalmente, el capítulo introduce la enseñanza de que en todo judío hay dos almas: una proveniente de la kelipá, vestida en la sangre y fuente tanto de rasgos negativos —ira, soberbia, apetito de placeres, frivolidad, pereza— como de rasgos buenos naturales como la compasión y la bondad, porque en Israel esa alma proviene de la kelipá llamada nogá, que contiene también bien. Se contrasta esto con las almas de las naciones, que según el texto no tienen bien alguno, y cuyo bien hecho sería solo para engrandecerse a sí mismas.

Para llevarse: No se trata de contar méritos contra faltas, sino de reconocer la batalla interior que cada uno sostiene, sin que eso apague la alegría de servir.
Para la mesa de Shabat: ¿Puede alguien sentirse honestamente cuestionado por su conducta y, al mismo tiempo, servir con alegría, sin caer ni en la autocomplacencia ni en la tristeza?

Explicación y traducción del portal, redactadas con ayuda de IA a partir del texto original. No reemplaza a un maestro ni resuelve preguntas de halajá.

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