Cuándo dar la vida y cuándo no: las leyes del kidush Hashem
El capítulo establece cuándo un judío debe transgredir un mandamiento para salvar su vida y cuándo, en cambio, debe entregarla antes que transgredir, y explica que también la conducta diaria santifica o profana el Nombre de Dios.
כְּשֶׁיַּעֲמֹד עוֹבֵד כּוֹכָבִים וְיֶאֱנֹס אֶת יִשְׂרָאֵל לַעֲבֹר עַל אַחַת מִכָּל מִצְוֹת הָאֲמוּרוֹת בַּתּוֹרָה אוֹ יַהַרְגֶּנּוּ יַעֲבֹר וְאַל יֵהָרֵג
«Cuando un idólatra se levante y obligue a un israelita a transgredir uno de todos los mandamientos mencionados en la Torá, bajo amenaza de matarlo, debe transgredir y no debe ser matado.»
Hiljot Iesodei HaTorá (los fundamentos de la Torá), capítulo 5, párrafo 1 · leer el capítulo entero en Sefaria
Este capítulo de Hiljot Iesodei HaTorá desarrolla el mandamiento de santificar el Nombre divino y la prohibición de profanarlo. El punto de partida es una regla general: frente a una coerción que obliga a violar un mandamiento bajo amenaza de muerte, la persona debe transgredir y vivir, porque los mandamientos fueron dados para vivir por ellos y no para morir por ellos. Quien muere sin necesidad, en esos casos, es responsable de su propia vida.
Esa regla tiene excepciones y matices. Frente a idolatría, relaciones prohibidas y derramamiento de sangre, se debe entregar la vida antes que transgredir, sin excepción. Para el resto de los mandamientos, el texto distingue si el que coacciona busca un beneficio personal o solo pretende hacer transgredir, y si el acto ocurre en presencia de diez judíos o en privado. También distingue los tiempos de persecución general contra la fe de Israel, donde la exigencia se endurece para cualquier mandamiento, por mínimo que sea.
Luego el capítulo trata casos límite: la entrega de un individuo señalado por un grupo perseguido, el uso de prohibiciones de la Torá como remedio médico ante peligro de muerte, y el caso de quien se enferma por deseo hacia una mujer, donde se prioriza la pureza sobre la vida misma. En todos estos casos se repite la misma estructura: hay normas que ceden ante el peligro de vida y normas que nunca ceden.
Finalmente, el capítulo amplía el concepto de santificación y profanación del Nombre más allá de la mártir: quien transgrede por puro desafío profana el Nombre, y quien se abstiene de pecar únicamente por amor al Creador, como José, lo santifica. Incluso conductas que no son transgresiones, si son realizadas por una persona de prestigio en la Torá y despiertan el descrédito público, constituyen profanación; y el comportamiento intachable, generoso y sereno de un sabio, que es amado y admirado por todos, constituye por sí mismo una forma de santificación.