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Mishné Torá · Rabí Moshé ben Maimón, Maimónides (Egipto, siglo XII)
Hiljot Iesodei HaTorá (los fundamentos de la Torá), capítulo 4 · משנה תורה, הלכות יסודי התורה ד׳

Los cuatro elementos, la forma humana y los límites del saber

Maimónides describe cómo fuego, aire, agua y tierra componen todo cuerpo físico, y distingue esa materia perecedera de la verdadera forma del ser humano, que proviene de Dios y no se descompone.

לְעוֹלָם אֵין אַתָּה רוֹאֶה גֹּלֶם בְּלֹא צוּרָה אוֹ צוּרָה בְּלֹא גֹּלֶם

«Nunca verás materia sin forma, ni forma sin materia.»

Hiljot Iesodei HaTorá (los fundamentos de la Torá), capítulo 4, párrafo 7 · leer el capítulo entero en Sefaria

Este capítulo continúa la descripción del mundo físico iniciada en el capítulo anterior. Rabí Moshé explica que fuego, aire, agua y tierra son los cuatro elementos básicos de todo lo que existe debajo del firmamento: personas, animales, plantas, piedras y metales. Cada elemento tiene su naturaleza propia —caliente, frío, seco o húmedo— y su tendencia de movimiento, y al combinarse forman cuerpos nuevos que ya no se parecen a ninguno de los elementos por separado.

Luego explica que todo lo compuesto de estos elementos termina por descomponerse, aunque algunos cuerpos duran días y otros años; incluso el oro vuelve, al final, a sus elementos. Por eso, dice, el versículo le anuncia a Adán que volverá al polvo: no porque todo su ser se disuelva solo en tierra, sino porque esa es la parte predominante de su composición. Los elementos además se transforman unos en otros muy lentamente, en un ciclo continuo, sin que ninguno desaparezca del todo, movidos por la rotación de la esfera celeste y recibiendo su forma de Dios a través de un ángel.

A partir de ahí, el capítulo avanza hacia el ser humano mismo. Explica que toda materia tiene forma y toda forma necesita materia, salvo las formas separadas, que solo se conocen con "el ojo del corazón". La verdadera forma del hombre no es su cuerpo ni el alma vital que come, siente y se reproduce, sino el conocimiento, el intelecto capaz de comprender ideas sin materia, como los ángeles. Sobre esa forma dice la Torá que el hombre fue hecho "a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza". Por no depender de la materia, esa forma no se corta cuando el cuerpo se descompone.

El capítulo cierra señalando que este estudio —llamado Maasé Bereshit— es profundo y no se enseña en público, sino a una sola persona, y que contemplarlo aumenta el amor hacia Dios y la conciencia de la propia pequeñez. Aun así, Rabí Moshé aclara que conviene primero "llenarse de pan y carne", es decir, dominar lo permitido y lo prohibido, antes de dedicarse a estos temas.

Para llevarse: Lo más propiamente humano en usted no es el cuerpo que se descompone, sino la capacidad de conocer, que viene de Dios y permanece.
Para la mesa de Shabat: Si lo que realmente define a una persona es su capacidad de conocer y comprender, ¿qué lugar le está dando esta semana a esa parte de usted mismo?

Explicación y traducción del portal, redactadas con ayuda de IA a partir del texto original. No reemplaza a un maestro ni resuelve preguntas de halajá.

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