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Mishné Torá · Rabí Moshé ben Maimón, Maimónides (Egipto, siglo XII)
Hiljot Iesodei HaTorá (los fundamentos de la Torá), capítulo 2 · משנה תורה, הלכות יסודי התורה ב׳

Amar y temer a Dios: ángeles, creación y el conocimiento divino

El capítulo explica que amar y temer a Hashem nace de contemplar Sus obras, y describe los tres niveles de lo creado hasta llegar a la unidad perfecta del Creador con Su saber.

בְּשָׁעָה שֶׁיִּתְבּוֹנֵן הָאָדָם בְּמַעֲשָׂיו וּבְרוּאָיו הַנִּפְלָאִים הַגְּדוֹלִים וְיִרְאֶה מֵהֶן חָכְמָתוֹ שֶׁאֵין לָהּ עֵרֶךְ וְלֹא קֵץ מִיָּד הוּא אוֹהֵב

«Cuando la persona contempla Sus obras y criaturas maravillosas y grandiosas, y percibe en ellas una sabiduría sin medida ni límite, de inmediato ama.»

Hiljot Iesodei HaTorá (los fundamentos de la Torá), capítulo 2, párrafo 2 · leer el capítulo entero en Sefaria

Este capítulo de Hiljot Iesodei HaTorá parte de un mandamiento concreto: amar y temer a Hashem, tal como se ordena en el versículo "Amarás a Hashem tu Dios" y "A Hashem tu Dios temerás". Pero inmediatamente Maimónides pregunta por el camino hacia ese amor y ese temor, y responde que surgen de la contemplación: cuando la persona observa las obras y criaturas de Dios y percibe una sabiduría sin límite, se despierta el amor y el deseo de conocerlo; y cuando sigue reflexionando, comprende su propia pequeñez, lo cual produce temor reverencial.

Para dar ese "punto de apoyo" a quien quiere amar a Dios, el texto despliega una clasificación de todo lo creado en tres categorías: los seres compuestos de materia y forma que nacen y se destruyen (como los cuerpos humanos, los animales, las plantas y los metales); los cuerpos celestes, también compuestos pero de forma fija y permanente; y los ángeles, que son forma pura sin materia alguna. Sobre estos últimos aclara que las imágenes proféticas de fuego o alas son metáforas, no descripciones literales, igual que llamar a Dios "fuego consumidor" es una figura del lenguaje profético.

Luego explica que los ángeles se distinguen entre sí no por lugar ni tamaño, sino por nivel o rango, de manera análoga a como un sabio es "superior" a otro en sabiduría, o como una causa es "superior" a su efecto. Enumera los diez nombres con que la tradición llama a los ángeles según sus diez niveles, desde las jaiot hakodesh en lo más alto hasta los ishim, los que se comunican con los profetas.

El capítulo culmina en una idea central: a diferencia de toda criatura, en Dios el conocedor, lo conocido y el conocimiento mismo son una sola cosa, sin separación alguna, y por eso Su saber de Sí mismo implica el saber de todo lo existente. El propio Maimónides advierte que esto es apenas "una gota del mar" de lo que habría que explicar, que este tema se llama Maasé Mercavá, y que los sabios antiguos ordenaron transmitirlo solo a una persona capaz, en forma reservada y no pública.

Para llevarse: Detenerse a contemplar la grandeza y el detalle del mundo puede ser, en sí mismo, un camino hacia el amor y el respeto por Dios.
Para la mesa de Shabat: ¿Qué momento o detalle del mundo le despertó alguna vez, a usted, algo parecido a ese asombro que describe el capítulo?

Explicación y traducción del portal, redactadas con ayuda de IA a partir del texto original. No reemplaza a un maestro ni resuelve preguntas de halajá.

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