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Vaetjanán

Deuteronomio 3:23 – 7:11 · Leer el texto original en Sefaria →

El Shemá y los Diez Mandamientos por segunda vez.

De qué trata

Moshé cuenta que pidió entrar a la tierra y le dijeron que no, que subiera a mirarla desde el monte. Advierte contra el olvido y contra las imágenes. Repite los Diez Mandamientos con pequeñas variantes. Y dice el Shemá: «Escucha, Israel, el Eterno es nuestro Dios, el Eterno es Uno», con el mandato de enseñarlo a los hijos, hablarlo en casa y en el camino, al acostarse y al levantarse. Se lee el Shabat de consolación después de Tishá BeAv.

Moshéel pueblo
Para mirar de cerca

El versículo más dicho del judaísmo

El Shemá se dice a la mañana, a la noche, y es lo último que dijeron muchos. Sale de acá.

«Y se lo enseñarás a tus hijos»

En casa, caminando, al acostarse y al levantarse. No en una hora asignada: adentro de la vida corriente.

Le dijeron que no

Pidió con todas las letras y la respuesta fue no. La Torá deja al hombre más grande sin lo que más quería.

Un cuento de la tradición

La muerte de Rabí Akiva

Cuenta el relato que las autoridades romanas habían prohibido enseñar Torá, y que Rabí Akiva siguió haciéndolo en público, reuniendo discípulos pese a la prohibición. Fue arrestado y condenado a morir torturado, y los romanos le desgarraron la piel con peines de hierro mientras se acercaba la hora de recitar el Shemá. Sus discípulos, que estaban presentes, le preguntaron cómo podía rezar en ese momento. Akiva respondió que toda su vida había esperado cumplir el mandato de amar a Dios «con toda el alma», y se había preguntado cuándo tendría ocasión de hacerlo de verdad. Dijo que ahora que se le estaba yendo el alma, por fin podía cumplirlo. Y murió pronunciando la última palabra del versículo, «Ejad», Uno, con la voz sostenida hasta el final.

Talmud de Babilonia, tratado Berajot 61b

Esta parashá, hoy

El Shemá se repite dos veces en la Torá pero se dice todos los días, y esa repetición tiene algo de estructura familiar: no alcanza con creer algo una vez, hay que decirlo en la mesa, en el auto, antes de dormir, hasta que se vuelve parte del lenguaje de la casa. Eso choca con la vida actual, donde los chicos reciben más horas de pantalla que de conversación con los padres, y transmitir una idea propia requiere competir con eso. La otra escena, la de Moshé pidiendo entrar y recibiendo un no, describe algo que cualquier adulto conoce: trabajar toda una vida en un proyecto que va a terminar otro, sin garantía de ver el resultado. No hay drama ni resignación forzada en el texto, solo la orden de subir al monte, mirar y seguir dando instrucciones a los que sí van a cruzar. Es una imagen bastante ajena a la cultura del logro personal, donde el valor de un esfuerzo se mide por si uno mismo llega a la meta.

Para llevarse

Lo que se transmite de verdad se transmite en la conversación de todos los días.

¿Mis hijos aprenden lo que digo o lo que hago cuando no estoy enseñando?

Esta ficha es un resumen para quien no estudió la parashá nunca. No es un comentario rabínico, no resuelve halajá y no reemplaza el estudio con un maestro.

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