Paz con Jordania
La frontera más larga es también la más tranquila.
Firmado el 26 de octubre de 1994 en el valle del Arabá, en la propia frontera, por Itzjak Rabin y el rey Hussein, con Bill Clinton presente. Fue posible porque Oslo había abierto la puerta el año anterior: Jordania no podía firmar antes que los palestinos.
El tratado fijó la frontera, resolvió el reparto del agua del Jordán y del Yarmuk —el asunto más difícil entre dos países secos— y le reconoció a Jordania un papel especial en la custodia de los lugares santos musulmanes de Jerusalén, que sigue vigente y sigue importando cada vez que hay tensión en la Explanada.
El agua fue lo más difícil
El acuerdo hídrico es citado como modelo de cooperación entre dos países que dependen de la misma cuenca.
La custodia de los lugares santos
El papel jordano sobre el Waqf de Jerusalén está en este tratado. Es la razón por la que Amán reacciona ante cualquier cambio en el statu quo.
Una relación incómoda pero firme
La mayoría de la población jordana es de origen palestino y la opinión pública es hostil al tratado. Aun así se sostiene, incluso en los peores momentos.
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